11.4.11

Sueño con serpientes

Vengo llegando de una sinuosa cuesta, al borde del precipicio. Pese a lo borrascoso del paisaje, ya veo, cada vez más cerca, la salida de este tortuoso sub-sole. Echo a volar mis preocupaciones, las libero, desato cadenas y las largo al viento.
Sé que ellas volverán: fatigadas, desganadas y muy débiles, pero volverán.

Mientras sigo vislumbrando el final de esta tormentosa cuesta, llegan las letras; una a una y tomadas de las manos. Me envuelven. Me sacuden, también. Finalmente me dan un fuerte empujón, me hacen caer. Yo, desesperado, les grtio: hey, ¿Qué pasa? ¿Por qué me sueltan? La respuesta no se hizo esperar. Me lanzaron para que les ayudara a llegar a su destino, que juntos buscáramos la ansiada meta. Acepto.

Ya pisando terreno firme, veo lejana la salida. Está super lejos. A la punta del cerro. Pero la compañía de estas locas letras, que entre ellas cantan las mejores canciones de este palpitante continente, me hace sentir más seguro, con una hermosa tranquilidad. Mañana sacaré pasajes, pero no sé a dónde. Es bien probable que vuelva al mismo lugar de siempre, reproches más, reproches menos, ya estoy acostumbrado al color con que he pintado mi pieza.

La tierra está goteando, expulsa mucha agua pura, cristalina, eterna. Tomo a las letras de su “ese” y corro firme y seguro, no sé a dónde, porque no sé si era real o un espejismo. Busco, investigo, miro hacia la muralla de piedras que me acorrala como un muro pinkfloydeano. Toma tu corazón, entrégale tu amor, me dice la rocosa pared. Una fuerte y dura sentencia.

De repente, y después de haber escrito algunas reflexiones, vuelvo a ver la petrificada poza que brilla más fuerte que el hielo de Siberia. Se oscurece, espero que llegue el viento. Me aterro, no quiero que vuelva ese gélido soplido con mis angustias. Al fondo, donde parecía no haber nada, se escucha un clarinete que con sus lúgubres notas me dice que no me preocupe, que el viento aún no vendrá.

Continúo mi viaje.

Recuerdo mis trámites pendientes. Burocracia, la puta burocracia. El maldito dios de los gordos del sistema. Sin embargo, necesito resolverlos. Me conviene. Aparte, me sentiría más en mi pseudo-mundo. A veces hablo, a veces hago introspección. Esto es realmente favorable. Debo hacerlo.

A lo lejos veo una construcción, huelo azufre. Una pluma dorada recoge los minerales y los lleva a las manos rotas del obrero, añosas y callosas.
Cierro mis ojos, esto está de thriller. Lavo mi rostro con una elegía. Me pongo los anteojos y sigo con el relato.
Suenan monedas, como si fuese un casino. Un conocido Bajo, resuena fuerte.

All my loving to you. De pequeñas delicias, le dedico una canción a mi muerte. Que me echa de su cuarto gritándome que no tenía profesión. Mi condición, en invierno no hay sol. Sí, es duro poder mejorar. El abrigo no me pesa ni necesito nadie que me de algo para fumar.

La rabia me confunde y puede que no pueda robarles la mitad de mi carne a los lobos. Y cómo, de verdad, quisiera que estuvieras acá abrazándome y dándome cariño.
Luego de 525 palabras, veo en retrospectiva y, como es lunes, ya me siento bien.

No es necesario seguir, porque de un momento a otro, estoy dentro de una nave de cristal que me lleva de vuelta al camino principal.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Supongo que, tal como me pasa a mí, sólo uno mismo entiende realmente lo que se esconde detrás de las líneas que escribe.

Gracias, me recuerda que hace mucho no escribo.

:D

●₪[Diego]₪● dijo...

France,

En algo tienes razón.
Resulta que si quieres darle un sentido al texto, o más bien interpretar el texto conectándolo con hechos reales, es bastante difícil.

En todo caso, es como un poco de real e irreal.

Saludos.

Carolina dijo...

Me mueve en espacios.

Gracias...Por cierto, bonita canción, no sé si bonita es la palabra adecuada, pero también me transportó.