19.1.12

Todo lo que a mi me gusta es ilegal y me hace mal

El sabor erótico de una piscola es realmente envolvente.

Te cautiva desde el mismo momento en que mezclas los tres cubitos de hielos con ese suave y sexual aroma a uva destilada. Es como cuando te(nos) saca(mo)s la ropa.

Y cuando echas la bebida, que puede ser cualquiera menos Pepsi, es como el ir y venir de furtivas embestidas. Lacónicas caricias que se desenvuelven entre le toma-que-te-toma.

Muchas veces una piscola dura menos que el que cante un gallo y pfff... orgasmo. Bah, quiero decir, "se acabó".

Vamos por la otra y salud, mierda.

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