Es tan difícil poder expresar lo que siento en estos momentos.
Durante estos días he reflexionado mucho sobre las sensaciones que me embargan, las que son demasiado especiales y por cierto muy contradictorias.
La pena es profunda y duele, duele mucho.
Es doloroso saber que no te volveremos a ver,
que no escucharemos más tus bromas, anécdotas, experiencias y opiniones.
Es una pena que no se irá.
Podría contar alguna anécdota o decir lo que seguramente mi tía querría que hiciéramos, pero me es difícil.
No por la emoción que me provoca, sino que son tantos los momentos grabados a fuego en mi corazón que es imposible elegir uno sólo; y, además, no soy yo -ni nadie en realidad- quien puede decir qué es lo que ella hubiese querido.
Hay algo que sí sé y puedo comentar (seguramente muchos me encontrarán razón):
la alegría que irradiaba mi tía y sus bromas es algo de lo que tenemos que aprender.
Sin ánimos de dar lecciones de vida, "siento de que" (como diría ella), la vida hay que disfrutarla y que reír es un regalo que debemos saber apreciar y cultivar.
Estos momentos son tan contradictorios, tu ausencia física nos duele tía!
Sin embargo estoy tranquilo, la paz que irradiabas cuando te despedí era profunda y genuina;
tu rostro reflejaba una sonrisa de alivio, como diciéndonos: tranquilos, por fin estoy descansando.
No saben cuánto me reconforta pensar en ese último beso.
Tengo, además, el privilegio de poder haberte dicho lo mucho que te admiro por tu enorme valentía.
Porque fuiste una valiente hasta tus últimos suspiros,
lo fuiste en Punta Arenas cuando estudiaste enfermería a un vuelo de avión de distancia de la casa de los tatas,
lo fuiste cuando enfrentaste tu desazón frente a la carrera y volviste para finalmente llegar a esta hermosa ciudad -de la cual compartimos un profundo amor- para forjarte como una maravillosa profesora,
fuiste tan valiente cuando tomaste a Javier y Felipe en tus brazos,
cuando después de unos años se fueron rumbo a Maracaibo con un constante miedo a la lejanía, a lo desconocido, al que mis primos perdieran su esencia.
Es cierto, pilalo, los miedos que enfrentaste muchas veces fueron gigantes, pero sabes?
Eres una valiente, porque los enfrentaste uno a uno y saliste triunfante en todas las batallas.
Por eso y mucho más, te admiro profunda e infinitamente.
Gracias, infinitas gracias por todo, todo, todo.
Gracias por ser mi pilar durante cuatro años en que me acogiste en tu casa.
Gracias por tantos consejos, por tantos retos y principalmente por tantas alegrías.
Gracias, también, por darme dos hermanos; vuela tranquila porque así como sé que puedo contar con Javier y Felipe, ellos podrán contar conmigo siempre.
Descansa y emprende el vuelo, que el tata, la Peta, tío julio y muchos más te recibirán con un banquete de aquellos, donde seguro harás de las tuyas, echarás tallas y reirás a carcajadas.
Te echaré mucho demenos, es cierto, pero sé que estarás siempre entre nosotros, entre cada sonrisa, entre cada broma.
Hasta siempre, tía.

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