26.4.09

Mi volá actual (entiéndase como pseudo-manifiesto).

Te recomiendo que antes de leerme (después también), interpretes, escuches y veas el video de "redemption songs" de Bob Marley (no pude subirlo acá, debido a la auscencia del "Embed"
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He retomado la senda de la escritura bloggera después de un largo tiempo de receso creativo, en el cual pasé por un periodo de vagancia, retrospección, vagancia, introspección, vagancia, reflexiones de vida y nuevamente vagancia, todo para tomar conciencia que ya era hora de empezar a “buscarme”, para después lograr “encontrarme”.

He leído harto, visto películas y documentales, caminado mucho más allá de lo físicamente caminable, me he refugiado en falsos estados de “equilibrio”, he intentado “hacer” mucho. Me he caído muchas más veces de las que quise, proyecté o (incluso) creí soportar.

He caminado y vuelto caminar por aquellos lugares comunes, por caminos que nunca creí que iba a caminar. ¿He sufrido?... sí, he sufrido, pero más que nada porque me las he sabido arreglar para llegar de una manera u otra al ¿inesperado? fracaso. Me he creído -inconcientemente- dueño absoluto de la verdad y otras (muchas) veces he andado en una búsqueda desesperada de alguna “verdad”.

He creído amar, he amado y he sido amado, pero todo ello sin darme cuenta, sin valorarlo y sin disfrutarlo.

Alguna vez, por no decir desde siempre, me di cuenta que si hay algo por lo que vine a este universo (dentro de los miles de universos paralelos a los que debo pertenecer, pero que no tengo conciencia fáctica de ello), es a vivir el amor… sí, a bañarme en sus dulces y quemantes aguas, a beber del amor y, en verdad, vivir por y para el amor.

He leído mucho (ya lo dije, sí sé), he buscado textos bíblicos, como también textos muy heréticos (del origen semántico de herejía: elección).

Vi, hace un par de semanas, la película “Into the wild” (Sean Penn) y en base a eso ese que creo que NO necesito ir a buscarme a las montañas, NO necesito escapar de mi entorno para encontrarme.

Y llegó -creo fehacientemente en esto- el momento de empezar ese largo camino del “encuentro”; me he parado frente al mar, respirado hondo, mirando en ese horizonte, profundo océano que divide el mar del cielo y me he propuesto la gran y difícil tarea de encontrarme, pero como dije antes no necesito ir a buscarme al desierto, ni bajo los puentes, pues ahí no me encontraré.

Muchas veces me he parado frente al espejo, me he mirado fijamente a los ojos y me he preguntado quién es el que está ahí frente a mis ojos, a qué vino y qué puedo hacer yo por ayudarlo; pues eso es una de las cosas que más me motivan: ayudar al prójimo sin caridad, sino con un granillo de arena, o sea una verdadera sonrisa en su rostro. Bueno, en verdad no muchas veces he logrado sacar “en limpio” algo frente al espejo, lo que siempre concluyo es(son) muchas más preguntas sobre la vida.

Estando frente al firmamento he llegado a fuertes conclusiones, pero antes de ellas he observado –consumido-analizado-valorizado muchas cosas, entre otras:

He escuchado a los pajarillos cantar y a la ciudad aullar, a los perros ladrar y a la sociedad llorar; ante eso que más puedo hacer sino también caer en un humano lagrimeo.

He tomado conciencia que somos almas en tránsito, que por un tema circunstancial hemos caído en cuerpos humanos sexuados y ¿pensantes?; por lo mismo es que me choca la gente que no comprende que sí puede existir el amor entre dos cuerpos iguales. Considero que el amor es un sentimiento mucho más trascendente y superior como para fijarse en algo tan fortuito y básico como es el sexo…. O sea, tengo conciencia de que es necesario, bajo cualquier mirada, la unión (al menos) carnal para dar vida; pero el amor va más allá de eso (siendo parte integral de esa nueva vida), pues como dice el cliché “el amor es ciego” y no tiene cuerpo. Es un tema de espíritu, es decir (respecto al amor de pareja) dos almas que se unen metafísicamente en un sentimiento mutuo: no te enamoras de un genital o cuerpo en particular, si no de una persona, un alma, un espíritu, el que por un tema accidental tiene una determinada genitalidad.

También me he dado cuenta de lo impresionantemente fuerte, divino y majestuoso que es nuestro cuerpo, dentro de todas sus imperfecciones, es humanamente perfecto: con ponchera, calvicie y vellosidades incomodas; nuestro cuerpo es nuestro propio templo, el que debemos cuidar, respetar y, sobretodo, amar. Por este mismo motivo es que he pensado seriamente en dejar unos cuantos vicios que en definitiva son francamente una herramienta de brutal, lenta y eufemística vía de auto-destrucción, es por ello que pretendo dejar (gradualmente en pos de su efectividad) el cigarro y el alcohol, como así mismo pienso cambiar mis hábitos alimenticios, pues según leí por ahí “somos lo que comemos”: no comeré -en lo posible- carnes rojas, alimentos transgénicos y cosas que a la vista de cualquier persona sea -literalmente- “insano”.

Creo que hay un Dios liberador, que es amor puro y del bueno, pero no etiqueto a ese Dios ni, en algún nombre en particular (Yavé, Alá, Jehová, Jah, Destino, etecé), ni mucho menos en alguna religión específica, ya que la experiencia y la historia me dicen que SIEMPRE éstas caen en un asqueroso y cruento fundamentalismo estúpido; aunque no por esto no respeto las creencias de otra persona: mientras cada uno viva en un ambiente de respeto mutuo -en el completo sentido- todo estará bien, al menos para mi.

No comprendo, bajo ningún punto, la violencia tanto como mecanismo de coexistencia, como en cualquiera de sus perspectivas/mecanismos: es muy básica y destructiva; el respeto y el amor es más efectivo, superior y trascendente.

Reconozco mi humano origen, por lo mismo acepto la posibilidad obvia y latente de caer en inconsecuencias, incongruencias y en “tentaciones”, con esto no digo que las andaré buscando, sino lo contrario, trataré -en lo posible- de evitarlas. Aunque sé que es probable que caeré en esa natural humanidad incongruente e inconsistente.

Tengo cero apego a las cosas materiales por sí mismas, pero no por esto no guardo gran admiración y amor por aquellos objetos con potente sentido y significado personal que cada "ser" puede tener, admirar o cultivar.

Siento que todas estas reflexiones me encaminan al objetivo máximo de “buscarme”, liberándome de lo que llaman “el pecado, babilonia, la oscuridad, el mal, el karma, etcétera”, para encontrar “la santidad, zion, la luz, el bien, el nirvana, etcétera”; todo esto a través del amor, puro y verdadero, con conciencia de esta verdad que en sí es única, pero es MI verdad. No teniendo porqué ser la tuya, ni la de nadie más.

2 comentarios:

Fabiola :) dijo...

Ayer tenia toda la intencion de leerte pero me tuve q ir, y hoy hago un beak al estudio y me vengo a meter por aca, en verdad aunque no ppienso igual a ti, sì lo hago muy similarmente, de hecho estoy de acuerdo con todo lo q dices..
me alegra q en este proceso estes viendo el "alma" de las cosas y tranformes tus acciones en pureza máxima.

Saludin

Unknown dijo...

creo que a todos nos toma tiempo darnos cuenta de algunas cosas, dejar de presumir que sabemos quién somos y empezar a darnos cuenta.. pero el proceso es precioso! no fácil, porque no todo lo bello es fácil, if you know what i mean.

nos vemos!