Tres años, cuatro meses y 16 días esperando este momento, hasta que llegó.
Nunca pensé que llegaría, en verdad. Sólo sé que está acá. Ni siquiera a la vuelta de la esquina, sino que aquí mismo frente a mi nariz.
Ya no sé qué me agobia más. Quizás, la realidad misma o mi virtualidad onírica autodestructiva y autoimpuesta como real, que me embarga en los tiempos del dulce, acalorado, anhelado y angustiante verano. Realmente no lo sé.
Subí esa escalera. Se alcanzaba a percibir el psado de cervezas e historias de borrachos del lugar. El piso estaba inclinado. La señora se veía algo así como confiable y con mucha experiencia en el rubro de las pensiones unversitarias.
La pieza, oscura. Ventanas, tres (con vista a los cerros, Playa Ancha y el inmenso Pacífico Sur). Olor: a pintura. Duchas dobles y comunes, NICA.
Buscar dónde (sobre)vivir no es lo mio, pero qué más da. Es lo que hay.
Le pido a Dios, el destino, la Pacha Mama y a los espíritus ancestrales que me guien, protejan y vuelvan a guiar.
Se me hará muy dificil irme de acá. Eché raices bien profundas. Será como irme de la casa, da rial . Cuático.
No es que no quiera, pero debo reconocer que me da algo de miedo caer en algún lugar con gente en otra onda, de otra vibra.
En definifitiva, no me iré a allá. No es mano vivir de lado; aparte que es bien raro dormir en donde quizás antes bailaba gente, vomitaba un borracho, se conocía/terminaba una pareja.
Tengo pena hoy.
2 comentarios:
pucha, diego. está complicado el tema. ojalá encuentres pronto un lugar nuevo y, con él, muchas otras experiencias nuevas que te quiten la pena que tienes ahora.
un abrazo y no desesperes(:
Gracias, Javi. En serio (=
Publicar un comentario