9.6.10

Historia de las sillas

Caos, angustia, tristeza y desesperación: una constante en mi vida.
Recién comenzó el año y ya se va. Rápido. Fugaz. INTENSO.
No ha comenzado aún el fin de semestre y ya estoy aquejado de la falta de sueño, el colapso emocional, la pena honda y el ya-no-quiero-más-guerra con la U.
Si bien, por fin ya estoy tomando ramos realmente periodísticos y eso me pone contento, hay otros que realmente poco me motivan: uno en sí mismo y todo lo que significa y el otro, porque esa rama del periodismo no me llama mucho la atención.
Bueno. Sé que en menos de lo que me llegue a dar cuenta, esta mitad del año ya habrá estado zanjada. Para bien o mal, ya lo estará.

Doy las gracias a quienes han ayudado a dibujar una sonrisa, esperanza o tranquilidad en mi rostro. Algunos intencionalmente, otros sin si quiera quererlo y uno en específico que ni siquiera lo sospecha: Silvio Rodríguez Domínguez.


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