Hace dos años, en esta misma fecha, limpió la casa como nunca.
Ordenó hasta el último detalle y decoró con mucho afán esa habitación.
La vista era espectacular, desde ese balcón vería el mundo entero y más allá.
Perfumó cada centímetro con el aroma lujurioso de la pasión furtiva.
Fue a un bar, los nervios de la espera superaron la razón.
Bebió con moderación, conversó tranquilamente, pero en su mente algo había...
No aguantó.
Fue poner las cosas en su lugar, medio en serio medio en broma.
La desesperación y una inexplicable inocencia le hicieron creer en que horas después tocarían su puerta.
Volvió al hogar, siguió bebiendo.
Bebió tanto que se durmió bebiendo.
Durmiendo estaba cuando finalmente golpearon su puerta.
Dos años exactos han pasado y aún se arrepiente de no haber escuchado.
Veinticuatro meses y aún se arrepiente de haber limpiado la casa como nunca, ordenado hasta el último detalle y decorado con afán.
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